“LECTIO DIVINA”z gozatzeko prest??

Objetivo: Entender mejor la lectura orante, el trabajo sobre los textos biblicos, y motivar en su práctica.

 

En el grupo siempre estamos poniendo como objetivo practicar más la oración, aprender diferentes formas de orar, ser capaces de aplicar el evangelio a nuestra realidad….

La cosa es que a veces, entendemos la oración como una lectura y sus conclusiones racionales, y no como un ejercicio emocional y afectivo, a veces, no sabemos sacarle el jugo adecuado, o simplemente no le dedicamos el tiempo o ambiente y pasos adecuados.

Intentamos ahora dar algunas pistas más para orientar una entrada más profunda en la lectura de la Palabra, a fin de entrenarnos en esa relación más intima y transformadora.

 

  1. Disponer el ambiente y los cuerpos para la oración personal

Buscar o crear un lugar tranquilo, acogedor, silencioso, que sea como el “santuario” que se construye para la oración. Que cada persona se sitúe bien, físicamente. Rezamos con todo nuestro cuerpo. El estar bien con el cuerpo es una ayuda grande para la oración. Respirar profundamente. Emplear algunos símbolos que ayuden.

 

  1. Tomar conciencia de la realidad personal

Lo que buscamos con la lectura orante es proyectar luz, desde la Palabra, para lo que estamos viviendo. En este momento, ¿qué buscamos?, ¿qué necesidades sentimos?, ¿qué deseamos iluminar de la realidad personal, del grupo, comunitaria, de nuestra relación con el pueblo, con el mundo?, ¿qué nos preocupa de la realidad?, ¿cómo me sitúo personal y grupalmente delante de la realidad?

 

  1. Acercarse al texto por medio de:

 

3.a) La lectura, Ver lo que dice el texto bíblico en sí mismo (Evangelio del día o uno elegido).

Vamos a descubrir y observar atentamente a los personajes que salen en escena para oír lo que dicen, ver lo que hacen, analizar sus actitudes, sus criterios y descubrir…

  • Leemos, si es necesario introduciendo previamente el contexto (cuanta más información tengamos de esa realidad, más fácil será empatizar con el hecho).
  • Si hace falta, leer personalmente más de una vez, sin prisas.
  • Ir subrayando o anotando personalmente lo que más llama la atención (de los personajes, de las acciones y verbos, cualquier detalle que resuene).
  • Relacionarlo con otros textos o algún ejemplo que ayuden a comprenderlo mejor.
  • Ser fiel al texto es no hacerle decir más de lo que dice, o reducirlo al tamaño de nuestras ideas.

 

3.b) La meditación, Ver lo que dice el texto para mí. Para esto, conviene preparar otro texto de apoyo al pasaje bíblico elegido que acerque a la realidad y facilite las claves. También podemos usar otros formatos disponibles hoy, en audio o vídeo, una canción… cualquier relato que ayuden a ir aterrizando el mensaje a aquí ahora.

¿Qué me dice Dios a mí? ¿Qué preguntas me plantea? ¿En qué me identifico con las personas del texto? ¿Y con Jesús?

 

  • Actualizar el texto, relacionar la realidad que está por detrás del texto con la  nuestra, con la que vivimos.
  • Darse cuenta de las semejanzas que hay entre las dos realidades.
  • Ver los conflictos que existían entonces y los que existen hoy. Y qué relación con Dios vivieron los personajes entonces y cuál tenemos nosotras/os hoy.

 

3.c) La oración, Ver qué le digo yo a Dios en función de la lectura.

Es el primer paso para la reflexión más personal ¿Qué le digo yo a Dios? ¿Le doy las gracias, le pido perdón, le presento lo que ocurre a mi alrededor? y todo lo que se nos ocurra, simbólico o explícito.

  • Repetir, recitar, alabar, agradecer…
  • Cuando descubrimos lo que Dios nos pide, entonces sentimos nuestro valor o miedo  para responder, nuestras dificultades y debilidades.
  • Una frase del texto puede ser motivo de oración. Otras veces son palabras nuestras, pero inspiradas por la Palabra.
  • No siempre hace falta formular la oración verbalmente, pueden ser otros símbolos o expresiones, aquí, libertad para la creatividad eskaut.

 

3.d) La contemplación

Es reconocer a Jesús y cómo da respuesta y sentido a nuestra  vida,… sentir su presencia, querer identificarme con sus actitudes, con sus  sentimientos, seguirlo… dejarme transformar… permitirle que me cambie la vida… La pregunta es ¿a qué me llama? ¿Qué me invita a cambiar en mi vida? ¿A qué acción me compromete?

 

  • La oración tiene que terminar siempre impulsándonos a vivir con mayor plenitud la  vida que tenemos delante y debe “empujarnos al desierto”.

 

  1. Compartir y celebrar el encuentro con el Señor

 

Es el momento de compartir lo que se quiera de la experiencia personal vivida. Más que ideas, tratamos de compartir la experiencia personal, las emociones, el diálogo con Dios. Entonces evangelizaremos, pues como nos dice Gustavo Gutiérrez, “evangelizar es comunicar la alegría de un encuentro”.

 

Podemos adaptar este itinerario a cada rama, pero guardando una coherencia y cuidando siempre los detalles, así poco a poco, iremos transmitiendo unas habilidades progresivas para la experiencia de la oración. Sorte on!!