¿BLA, BLA, BLA…?

Glasgow, estos días, es un crisol de esperanzas y contradicciones. A la cumbre mundial del clima 2021, que pretende limitar el calentamiento global al 1,5 ºC en 2030, y para ello decide hacer inversiones millonarias con el fin de poder prescindir de los combustibles fósiles y llegar a la deforestación cero, los mandatarios han accedido utilizando cuatrocientos aviones privados, un pequeño detalle que tiene su importancia a nivel simbólico y práctico. Según Oxfam,  la huella que va a dejar el 1% más rico del planeta será 30 veces superior a la necesaria para cumplir ese objetivo, pero quizá sea posible lograrlo porque la huella del carbono del 50% más pobre se mantendrá muy por debajo de este nivel. Es encomiable el entusiasmo de miles de jóvenes activistas que proclaman el bla, bla, bla… de este tipo de encuentros, donde a veces se dejan puestos en la pancarta al movimiento indigenista, y lleva la voz cantante Greta Thunber, que a sus dieciocho años se ha convertido en un icono mediático de las organizaciones ambientalistas. La pregunta del millón es cómo articular la denuncia del bla, bla, bla… con la acción para cambios reales en cada país, donde las organizaciones sociales tienen un papel clave, para que no se traduzca todo en un bla, bla, bla… más.

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