SUBVENCIONES

Hay quien afirma que las asociaciones de tiempo libre, y el escultismo en particular, viven de las subvenciones. Y eso, que en parte tiene un sí con la boca pequeña, es más bien un no con la boca grande. Porque quien alimenta una asociación de este tipo es el voluntariado. Dice una parte del ADN propio: «La persona eskaut es útil y ayuda a otras personas sin pensar en recompensa». Dar el propio tiempo, también desde el punto de vista evangélico, es algo así como dar la vida, y minuto a minuto, día a día. De eso vive el escultismo. Luego hay matices, claro, siempre hay matices. Si las instituciones valorasen más este compromiso de vida estarían más dispuestas a facilitar las cosas, y no me refiero sólo al tema económico. Quizá se pueda añadir que los ayuntamientos de los pueblos miman más a los grupos de la propia localidad que los ayuntamientos grandes como el de Bilbao, que tiene otras cosas en qué pensar, según parecen decir. Hay que observar, también, que las subvenciones de los campamentos de verano son una aportación interesante de las diputaciones, y merece la pena reconocer el esfuerzo que ha hecho la de Bizkaia para incluir otra partida que reconozca las actividades realizadas durante la primera parte del año. Que este año no sea una excepción. Pero los esfuerzos para completar todos los requisitos en la sede electrónica son enormes, desproporcionados, especialmente si de repente se bloquea el servidor, como le ha sucedido a quien escribe estas líneas. Y merece la pena pensar que quien subvenciona a la sociedad es «esta educación».

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