Cuando el peso de las emociones desequilibra la balanza

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  • Los Trastornos de Conducta Alimentaria cuentan con los hándicap de la dificultad para detectarlos, los escasos recursos que se ofrecen en la sanidad pública y el auge de las redes sociales, que han supuesto un ‘boom’ en este tipo de enfermedad mental

No es una cuestión de modas, ni consiste en querer ser como las modelos. No se trata de personas caprichosas, ni que anhelan un cuerpo 10. Detrás de los Trastornos por Conducta Alimentaria (TCA) hay mucho más. Esta afección con origen multifactorial nace y crece por causas de tipo genético, psicológico, sociocultural, familiar y personal. Una enfermedad mental que, sin duda, acarrea consecuencias físicas. En España, los últimos estudios realizados coinciden en señalar una tasa de prevalencia de TCA en población adolescente alrededor del 4,1-4,5% entre los 12 y 21 años, aunque el rango de edad se dilata hasta la edad madura. En concreto, la anorexia se sitúa en torno al 0,3%, la bulimia en el 0,8% y el TCA no especificado alrededor del 3,1% de la población femenina de entre 12 y 21 años.

La presión social por cumplir un canon de belleza concreto e irreal, la necesidad de ser aceptado y la preocupación por un ideal estético delgado asociado al éxito social, familiar y profesional podrían ser factores que dieran respuesta a esta mayor vulnerabilidad a presentar un TCA en mujeres jóvenes. Edgar Ilg, psicólogo colaborador de la asociación ACABE Araba (Asociación Contra la Anorexia y Bulimia de Euskadi) lo tiene muy claro. Está seguro de que una gran mayoría de los casos “tienen origen en las redes sociales”. El experto defiende que “en las redes sociales existe más presión social respecto a la alimentación, relacionado con cumplir las expectativas de un cuerpo en concreto, por lo que ello está creando un ‘boom’ en este tipo de trastorno”.

Y es que ya existen estudios que relacionan el tiempo que se pasa en las redes sociales, como por ejemplo Instagram o Facebook, con sufrir problemas relacionados con la imagen corporal. El psicólogo insiste en que el problema de las redes radica en que “todo el mundo sube las fotos retocadas con filtros, se sacan muchas fotos a lo largo del día, por lo que la gente está más pendiente de su cuerpo ahora con las redes sociales que antes”.

Recursos en salud mental

En el momento en el que un familiar o persona tenga sospecha de que pueda estar sufriendo un trastorno de este tipo, “acudiría al médico de Atención Primaria, quien valora a las y los pacientes. Es entonces, en función de su gravedad, cuando se decide si se remiten al programa intensivo directamente (hospitalización) o se derivan al Centro de Salud Mental, donde se les dará atención y cobertura”, informa Ana González-Pinto, jefa de sección del servicio de psiquiatría de la OSI Araba de Osakidetza.

Pero esto, para las familias y enfermos, no es suficiente. La joven Elsa Fernández -autora del libro “Un infierno donde hace frío”, un diario escrito durante su anorexia que duró 8 años-, opina que el servicio que se ofrece mediante la sanidad pública es “bastante pobre”. Es por ese motivo por el que, para su rehabilitación, tuvo que acudir a un centro privado de Barcelona durante un año. En Vitoria-Gasteiz, su ciudad natal, echó en falta “un comedor o un centro de día que sea de referencia para las personas que sufran este tipo de trastorno”. Así lo reafirman también el psicólogo de la asociación alavesa y Yolanda Iglesias, la psicóloga de ACABE Gipuzkoa: “No hay centros de día ni pisos de apoyo para dar servicio a estas personas. Tampoco existe un acompañamiento expreso a familiares ni terapias en los centros de salud mental con la suficiente periodicidad”. Por ese motivo, la jefa del servicio de psiquiatría de la OSI Araba aclara que “en este momento Osakidetza está estudiando la posible apertura de un comedor terapéutico en el HUA Santiago de Vitoria-Gasteiz”.

En Bizkaia, sin embargo, sí que existe un hospital de día “aunque no al nivel que se necesita”, reconoce Marta Céspedes, trabajadora social de ACABE Bizkaia. La profesional insiste en que “tiene muchas carencias, ya que los servicios que se ofrecen cuentan con un horario muy reducido y está dirigido a un tipo de personas muy concreto”. En ese espacio, a día de hoy, se hacen terapias grupales, comen y están con la enfermera o psicóloga, entre otros profesionales. Desea que, algún día, “el hospital de día sea un punto de encuentro entre todas las personas que lo necesitan”.

Debido a esta necesidad, las asociaciones tienen una importante labor en este tema. Entre ACABE Bizkaia, Gipuzkoa y Araba atendieron a lo largo del 2019 a aproximadamente cerca de 500 personas. Desde hace más de 25 años, en estas entidades, no solo se atiende a personas que sufren este tipo de trastornos, sino también se ofrece información, consejo y asesoramiento a familiares de afectados o a  colectivos que están en contacto estrecho con jóvenes, como pueden ser docentes o monitorado, mediante charlas o información expresa. La profesional de ACABE Gipuzkoa cree que “ojalá no existieran asociaciones porque los servicios se cubrieran, pero la realidad es que nuestra labor consiste en suplir esas carencias que no se cubren en la sanidad pública”, reconoce en un tono reivindicativo.

Falta de información y más visibilidad

Los expertos al unísono aclaman que “existe una falta de información en general, incluso de los trastornos más conocidos como la anorexia o la bulimia”. El psicólogo de la asociación alavesa reconoce que “se detecta tarde” y que en ocasiones incluso “no saltan las alarmas hasta que la persona está en una desnutrición severa”. Además, esa falta de información respecto al amplio abanico de los TCA “hace que una bulimia o el trastorno por atracón no se reconozca como TCA. Incluso la vigorexia (obsesión por desarrollar la musculatura) y la ortorexia (obsesión por la comida sana) son trastornos que están creciendo mucho en los últimos años, pero están invisibilizados porque se asocian a hábitos saludables como el deporte o comer sano”.

Ante esta falta de información generalizada y, por tanto, conciencia de la sociedad respecto a esta temática, Alba, Olivia y Carla, estudiantes de último año de trabajo social, han ideado un proyecto con el objetivo de “ofrecer información veraz sobre los TCA, sensibilizar y prevenir”. Creen que es de suma importancia abordar este tipo de enfermedad desde una visión biopsicosocial y no solo desde la perspectiva biomédica. En el marco del proyecto ‘BIZIALAB’ de la UPV/EHU, el proyecto quiere promover el conocimiento y visibilización de situaciones de malestar psicosocial y necesidades de atención psicosocial del alumnado, con la finalidad de contribuir a su prevención, detección e intervención comunitaria. Con ello, desean poner en marcha una experiencia piloto de Grupo de Ayuda Mutua y se organizarán también unas charlas sobre el tema, a las que acudirán la joven Elsa Fernández y profesionales de la unidad de trastorno alimentario de Osakidetza, entre otros.

Con esto, queda esperar que, poco a poco, la información sobre este tipo de trastornos sea más accesible y que, con ello, la sociedad tome conciencia de la importancia real de este tipo de trastorno mental con repercusión en el plano físico.

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