“Todos los países estamos en desarrollo porque el modelo que tenemos no es sostenible”

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Entrevista | Arantza Acha, directora de UNESCO Etxea

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) están entrando poco a poco en la realidad diaria de instituciones, ONGs, sector privado o sociedad civil. Cada vez se ve más su logotipo redondo de colores. Cada vez más gente sabe que los Objetivos de Desarrollo Sostenible son 17 y son comunes a todas las personas. Sin embargo, no todo el mundo conoce su origen y sus ambiciones; para quién son; a quiénes implican. Arantza Acha, directora de UNESCO Etxea, lo tiene claro: los ODS son una agenda nueva para todas las personas y territorios del planeta; porque todos los territorios están por desarrollar.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible se adoptaron el 25 de septiembre de 2015. ¿Por qué en ese momento?

Los ODS, la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, es el resultado de un camino muy largo que se ha dado en Naciones Unidas. La ONU tiene el objetivo o la misión de encontrar soluciones comunes a todas las sociedades para problemas comunes. A lo largo de la historia de la ONU, que este 2020 cumple 75 años, esos problemas han ido evolucionando. En su momento pudo ser la capa de ozono, siempre han sido foco la pobreza y el hambre… Pero prácticamente desde el inicio y a medida que la ONU ha ido creciendo, solo ha tenido programas específicos para atajar problemas específicos. Tenía uno de desarrollo, otro de medio ambiente, de igualdad de género, de educación…  

¿Cuándo cambió eso?

En el año 2000 se puso en marcha un primer intento de tener una visión más completa, que fueron los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Daban 15 años para que toda la comunidad internacional se implicase para sacar a los países más empobrecidos de su situación. Y paralelamente la ONU seguía teniendo sus programas de medioambiente. Allá por 2012 se vio que, cuando no se tiene en cuenta el medioambiente, el desarrollo humano se ve muy afectado; que no se puede aspirar a erradicar el hambre y la pobreza si no se cuida el entorno natural, que tendrá un impacto en el agua potable, en los recursos naturales, en la desertificación… Y entonces se dio cuenta de que no tenía que tener un plan para medio ambiente, otro para género, otro para desarrollo… sino que había que tener un plan. Y del 2012 al 2015 la ONU hizo un esfuerzo enorme para ver qué tenía que ser ese plan. Se habló con universidades, con activistas, con el sector privado, se hicieron encuestas, conferencias… y se llegó a lo que tenían que ser los ODS y la Agenda 2030. 

¿Qué suponen, pues, estos objetivos?

Un cambio muy importante en lo que es la mirada internacional. Antes había una agenda para los ‘países del sur’ y otra para los ‘países del norte’. Se hablaba de ‘países en desarrollo ‘y ‘países desarrollados’. Con este cambio queda claro que todos los países estamos en desarrollo, porque el modelo de desarrollo que tenemos, por ejemplo, en Euskadi, no es un desarrollo sostenible que se pueda exportar a todo el mundo. Por lo tanto, tenemos que cambiar. Por lo tanto, estamos en desarrollo. Esa mirada que nos iguala a todas las personas es muy importante. Los 17 objetivos lo que hacen es decir cuáles son los pilares para el desarrollo sostenible de cualquier persona en cualquier parte del mundo. Hablamos de alimentación, de sanidad, de educación, de transporte, de paz… Vemos claramente que todo eso iguala a todas las personas del planeta. Por ello nos proponen en lo que hay que trabajar para llegar a una sociedad sostenible.

Entonces, de alguna manera, los ODS abarcan ámbitos tan diferentes como la igualdad o la vida submarina para unificar todos los programas que se habían hecho y también unir esas sociedades objetivo.

Eso es, es una manera de unificarnos a todas las personas y ponernos a la misma altura. Si no tuviéramos los ODS delante y preguntásemos a una persona de la calle que no nos conoce cuáles son sus necesidades y preocupaciones, probablemente muchas de sus palabras tengan relación con los ODS. Trabajo, sanidad, educación, ciudades seguras… Los países han llegado a la conclusión de que esa es la prioridad, y no otra. Ahora estamos en la fase de ir avanzando para que se convierta en una realidad.

Los ODS se acordaron en 2015. ¿Por qué empiezan a resonar ahora?

Porque ha costado mucho trabajo que cojan recorrido. Como esto venía de revisar lo que había sido la Agencia de Cooperación al Desarrollo, al principio parecía que era la continuidad de aquello. Parecía como que era ayudar a otros países a que estén bien. Cuesta mucho reconocer como territorio que estamos en desarrollo, que somos débiles, y que lo que estamos construyendo no funciona. Es un ejercicio de honestidad difícil. Como cada vez más gente se ha sumado al carro, gente que se ha dado cuenta de que no es solo para quienes trabajan en cooperación, vamos viendo “ah, no, no, es que esto nos interpela. Esto es para mí, no para ver cómo puedo ayudar a otros”. Y confluyen muchos movimientos: los Fridays for Future, el movimiento pensionista… Hay muchas demandas sociales que confluyen en los ODS y ahí tienen más legitimidad  y más fuerza. Ahora estamos empezando a oír, pero deberíamos estar ya en la fase de hacer.

En ese sentido, ya que en los Objetivos deben tomar parte sectores como instituciones, el privado, sociedad civil, etc., ¿piensa que a alguno le falta un empujoncillo? O quizá a todos.

A todos. Al poner en un mismo saco y a la misma altura todas esas necesidades hay que buscar formas diferentes de trabajar y eso nos cuesta mucho. Si yo trabajo en una empresa de gestión de residuos puedo pensar que estoy más vinculada con el medioambiente, pero mi tarea también va a estar vinculada con igualdad de género, con las condiciones de trabajo… Si trabajo en el área de transporte de un ayuntamiento, no solo tengo que tener en cuenta una buena gestión del transporte público, sino también que todas las personas puedan acceder a él. Tenemos que seguir haciendo nuestro trabajo pero abriendo un poco el foco. Y el foco fundamental es no dejar a nadie atrás. El lema de la Agenda es que no vale que como territorio nos vaya bien. Si hay una sola persona en nuestro territorio que se queda descolgada, hemos suspendido todos y todas. Y eso es muy difícil de llevar a la práctica, por eso vamos lentas, pero es un proceso de cambio.

Y dentro de ese proceso, ¿destacaría alguna acción concreta y visible que ya se esté implementando?

Esa pregunta es muy difícil y me la hacéis mucho. Es difícil destacar alguna porque hay muchos intentos, todos válidos. Pero les falta tener el foco abierto, nos falta a todas tener el foco abierto.

¿Estamos, como decías, aún en la fase de conciencia?

En muchos casos se ha avanzado, podría poner ejemplos de instituciones públicas pero como el objetivo de la Agenda son todas las personas, no vamos a centrarnos en ellas. Creo que son importantes los cambios que se pueden generar a nivel de cada persona. Yo como Arantza, cuando voy a comprar ropa, tengo que hacerme las preguntas que hay que hacerse. ¿Necesito la ropa? ¿Qué tipo de ropa? ¿En qué condiciones está hecha? A día de hoy podemos saberlo todo. Yo sé que si lo que me he comprado está hecho en Bangladesh, en qué condiciones está hecho. Entonces el objetivo también es que reciclemos más, que usemos menos el coche, más el transporte público, nuestras piernas, que comamos más local… Hay muchos ejemplos de iniciativas, empresas utilizando economía circular, revisando el patrón de consumo…

Algo más transversal.

Muy transversal. Lo que gusta leer es “esto es lo que hay que hacer”, y eso es difícil y a veces contraproducente. Pero a veces si hablamos de lo transversal y lo holístico, se queda en las nubes. Por eso creo que es muy importante trabajar las actitudes individuales. No solo el consumo, que es lo que más puede incidir. Y desde movimientos como el escultismo hay mucha capacidad de traccionar e impulsar valores que van de la mano con la Agenda. Que tienen en su base muchos valores que son muy coherentes con la Agenda 2030. Con la tolerancia, el respeto, la integración y la igualdad, la relación con el medioambiente… Creo que esos son valores que están desapareciendo. Y de hecho mucha gente dice que si la agenda tuviera que firmarse ahora no se firmaría. Porque hay políticos y programas y votantes que están cuestionando los Derechos Humanos. Y esos tienen que ser incuestionables. Y la Agenda no cuestiona; da herramientas para cumplir con los Derechos Humanos.

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