Un momento para aburrirse

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Aprovechar una situación aburrida nos permite pensar sobre temas pendientes o desarrollar ideas de una forma más libre

En una sociedad en la nos viene todo dado y casi cualquier tipo de estímulo es accesible a través de un clic, casi no quedan espacios para dedicarnos a nosotros mismos. Cada vez es más habitual ver a padres o madres que buscan distraer a sus hijos dejándoles móviles u otro tipo de objetos, para así evitar que se aburran. Sin embargo, en este concepto del aburrimiento recae una de las claves de la experiencia humana. Hay expertos que afirman que el aburrimiento es una realidad que no solo hay que aceptar, sino incluso en algunos casos fomentar. Una situación que permite a la mente soltar lastre. No hacer nada y desconectar del exterior es, a veces, la mejor manera de conectar con nuestro interior y dar rienda suelta a la creatividad.

Según la psicóloga educativa Consuelo Coloma del Peso, “el aburrimiento, como cualquier emoción no es buena ni mala, es simplemente una realidad más de nuestra humanidad”. En esta entrevista, trata de dar solución a algunas de las cuestiones que muchos se preguntan sobre los posibles efectos del aburrimiento tanto en jóvenes como en adultas. Coloma plantea que, al valorar el aburrimiento como una emoción, la pregunta idónea sería si tiene alguna función adaptativa. “La respuesta a esta pregunta sería claramente sí”, afirma.

¿Qué efectos puede tener el aburrimiento?

El aburrimiento por sí mismo no tienen muchos más efectos. Si habláramos, por ejemplo, de la tristeza ¿Qué efectos tendría? Pues dependería de la intensidad, la duración, las creencias personales que tuviéramos asociadas a esa emoción, nuestras estrategias personales para gestionarla….Con el aburrimiento pasa algo similar, sus efectos dependen tantos de sus dimensiones como de la realidad personal y social de quien lo experimenta.

 

¿Podría decir por qué en general las personas tienen tan mal visto aburrirse?

Vivimos en una cultura rápida y utilitarista para la que los tiempos que no se invierten en algo ‘productivo’ son tiempos perdidos. Es una realidad muy presente entre los adultos desde hace mucho tiempo pero que en las última décadas se está transfiriendo al mundo de la infancia a una velocidad preocupante.

 

¿Por qué hay personas que se aburren más que otras?

El aburrirse y el percibirlo como algo negativo dependen mucho de los recursos personales de cada individuo. Las personas creativas, por ejemplo, no solo suelen aburrirse menos, sino que contemplan el aburrimiento como una fase más de su proceso creativo. Además el hecho de tener intereses diversos y una vida interior rica suele desembocar en menos ratos de aburrimiento, al menos de la sensación negativa asociada  a él.

 

¿Es lo mismo aburrirse que hacer algo aburrido?

En realidad no, hacer algo aburrido depende de lo que hagamos y de nuestra actitud al hacerlo. Por ejemplo, en una situación poco apasionante como puede ser pasar el aspirador. Hay personas que hacen esta tarea de forma aburrida y otras que la afrontan de un modo diferente, que se ponen música, bailan y cantan al tiempo. La actividad es la misma pero la forma de enfrentarnos a ella no, lo que nos lleva de nuevo al tema de los recursos personales.

 

¿Tiene beneficios no hacer nada?

Esta pregunta es la más discutida y si se la hiciéramos a 100 personas obtendríamos seguramente 100 respuestas diferentes. No hacer nada es, en realidad, una afirmación falsa porque cuando estoy tumbado en un sofá, estoy haciendo muchas cosas: la primera descansar, probablemente también relajarme, en ocasiones rumiar problemas, organizar temas pendientes, soñar… Pídele a un niño que se esté quieto y tumbado sin hacer nada y descubrirás todo el esfuerzo que le supone. En mi opinión y tal y como decía antes, el aburrimiento como cualquier emoción tiene su función y esta dependerá en muchos casos de la situación previa y de la persona. En ocasiones su función es darnos un tiempo de descanso, en otras, movilizarnos a actuar en algún sentido también nos permite pensar sobre temas pendientes o desarrollar ideas de una forma más libre sin un control voluntario.

 

¿Cree que los niños de hoy en día tiene más distracciones?

Hace tiempo leí la distinción entre ocio de diversión y ocio de satisfacción que hacía el profesor de la Universidad Internacional de Catalunya, Ignasi de Bofarull. Me parecen dos términos acertados que tienen mucha relación con esta pregunta. Actualmente, los niños tienen mucho ocio de diversión, es decir, distracciones que les vienen dadas o impuestas, de forma externa para entretenerles, formarles, tenerles ocupados. Dos ejemplos serían jugar a un videojuego o encadenar una extraescolar tras otra. Por el contrario, los niños de hoy en día tienen poco ocio de satisfacción en el que ellos sean los artífices de lo que ocurre en ese tiempo, en el que sean constructores de su ocio y su distracción como, por ejemplo, ir al campo a pasear, disfrutar del juego libre, investigar o leer.

 

¿Esto afecta a que se aburran menos?

En realidad no, cuando un niño está acostumbrado a que todo le venga dado, organizado, pensado, en cuanto desaparecen esas condiciones externas no encuentran qué hacer por sí mismos con facilidad y entonces surge esa sensación desagradable que suele asociarse al aburrimiento. Por el contrario, a los niños más autónomos y con un juego y tiempo más libre es raro verlos aburridos, en el sentido negativo de la palabra. Puedes verles sin hacer nada aparentemente pero no por ello se sienten frustrados. Además, en muchas ocasiones creo que se confunde el aburrimiento con la incapacidad para disfrutar por uno mismo.

 

Google decora sus oficinas con estancias para el descanso para fomentar que la mente pueda vagar. ¿Cree que las empresas o centros educativos deben fomentar espacios para aburrirse?

El aburrimiento, como la frustración, no es algo que necesite ser fomentado ni tener sus propios espacios. Se trata, más bien, de aceptar su existencia y no tratar de evitarlo por todos los medios. Al igual que ningún niño crece sin frustrarse nunca, ningún niño crece sin verse en un momento dado en una situación de aburrimiento. Ese aburrimiento natural que se da en su juego libre, es el que en un futuro será capaz de gestionar y que finalmente tendrá un sentido para él.

 

¿Cómo definiría usted la creatividad?

Para mí la creatividad es la capacidad que tiene nuestra mente para encontrar soluciones y vías novedosas o atípicas. Todos los niños la tienen inicialmente y es fácil de descubrir  si tomamos un tiempo para observarles externamente y sin juicios. Hay niños que pintan con cera blanca sobre papel blanco, que cambian la disposición de una silla 20 veces hasta que logran llegar a la galleta o que descubren cómo hacer presas en un charco de lluvia.

 

¿Qué maneras hay de trabajar esta creatividad entre los jóvenes?

En realidad la mejor forma que hay para hacer que los jóvenes desarrollen su creatividad es dándoles tiempo y espacio, además de que nosotros debemos intentar interferir lo menos posible en lo que ellos estén haciendo. Existen muchas técnicas creativas pero están más pensadas para adultos que se han desconectado de su lado más creativo. En el caso de los niños es suficiente con pensar que la creatividad es una planta que necesita crecer y que lo hará si le dejamos espacio y la cuidamos adecuadamente. Por supuesto, las plantas se pueden abonar y la creatividad también. En este caso creo que un buen abono sería el respeto y ejemplo de los adultos que les rodean.

 

¿Nos aburrimos ahora menos que antes?

Quizá, aunque no estoy segura. Nos aburrimos menos, pero con más intensidad emocional cuando lo hacemos. Es decir, a día de hoy nos aburrimos menos pero cuando lo hacemos nos sentimos peor al hacerlo.

 

¿En qué manera han afectado las tecnologías a la creatividad de las personas?

No me considero una persona contraria a las nuevas tecnologías. Estas han llegado para quedarse y nuestra labor ha de ser sacar lo mejor de ellas. En mi opinión, las NNTT deben limitarse mucho en la primera infancia y deben dosificarse y aprender a usarse de forma muy paulatina, siempre buscando aquellos usos más provechosos a medida que los niños crecen. La robótica y la programación, así como la fotografía digital por ejemplo, pueden ser algunos de los campos creativos asociados a las tecnologías interesantes para los niños.

  

Por último, ¿qué consejos puede darnos para aceptar el aburrimiento?

Yo diría que el aburrimiento es como la siesta, pasamos la infancia queriendo deshacernos de ella y solo cuando no podemos aprovecharnos de sus bondades nos encantaría tener un poco de tiempo para disfrutarla.

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