Prevención frente al fundamentalismo

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Últimamente me preocupan, y mucho, ciertos discursos que se están viralizando y que tienen muy poco fundamento crítico. Determinados líderes de la política y medios de comunicación se aprovechan del miedo de la gente para fortalecer las posiciones ideológicas dominantes que representan.

En la última década la mayor parte de los cambios que ha experimentado la mayoría de la población española han sido para ir a peor. Han visto amenazados elementos básicos como su vivienda o su estabilidad laboral, y la crisis financiera además ha agravado el impacto de dichas amenazas al poner en tela de juicio la protección social propia del estado del bienestar. Esto desemboca en que la gente no quiera más cambios, que los tema, y que lo que realmente anhele sea recuperar la vida que tenía, o más bien una versión idealizada de la misma. Tal es así que quien les promete un regreso al pasado, parece que será quien se gane su apoyo, un apoyo más visceral que racional. A la amenaza hay que ponerle rostro para que la gente la identifique, y ahí es donde juegan un papel fundamental de distorsión esos políticos y medios de comunicación. El rostro amenazador podría ser la avaricia de las entidades financieras que juegan a la ruleta con los ahorros de medio mundo, podría ser la desigualdad salarial, el heteropatriarcado, la precarización del trabajo, la deslocalización de empresas, las políticas públicas que desmontan el estado del bienestar, las instituciones viciadas, los sistemas judiciales dependientes e injustos, cualquiera de todas estas expresiones de un sistema-mundo cimentado en las relaciones de poder.

Pues no, nos quieren convencer de que quien realmente nos amenaza, quien realmente pone en tela de juicio nuestro estilo de vida, por lo visto tiene rostro de migrante. Antes hacían hincapié en sus mensajes en el hecho de que venían a quitarnos el trabajo y a abaratar la mano de obra. Eso ya no basta, sus múltiples religiones y culturas son una amenaza para nuestra identidad, una identidad ya de por sí herida en su orgullo por los conflictos territoriales propios. Intentan que se despierten sentimientos de odio por contraposición. Esa necesidad de cerrar filas en torno a la identidad y la tradición frente a una amenaza externa tiene un nombre, fundamentalismo.

Reconoceréis a sus irresponsables voceros por el abuso de la hipérbole en sus mensajes: “avalanchas”, “invasiones”, “papeles para millones de africanos”…después aparecerán en el telediario con todo su cinismo estrechando manos a los últimos llegados en patera, posiblemente para ir a la misa del domingo con su conciencia tranquila. Sin duda la clave última para reconocerles es la apelación en forma de condición amenazante a adaptarse a las costumbres propias, lo cual recuerda a las conversiones de judíos en la España de la Inquisición, que les libraba de la expulsión pero nunca de la sospecha.

La triste noticia es que como ya he comentado antes, demasiada gente está comprando estos discursos de odio como un intento de aferrarse a una vida pasada que recuerdan como mejor. El rostro de las personas migrantes se vuelve amenazante, enemigo, y mientras el conflicto está sembrado, y quien siembra se congratula de haber desviado la atención de las verdaderas amenazas generadoras de desigualdad. Los grupos eskaut tenéis un gran reto desmontando rumores, educando en la diversidad, sembrando amor frente al odio, y construyendo respeto y convivencia. En este mar revuelto de odio y desconfianza, podéis ser un faro de concordia y esperanza frente a los fundamentalismos que emergen en toda Europa.

 

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