GUERRAS DE SALÓN

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Llama mucho la atención determinada escenografía y lenguaje utilizado para informar sobre la pandemia actual. Desde personas uniformadas se ha dicho que esto es una guerra, aunque en este caso se manifiesta que es una guerra contra el virus, lo cual, en principio, hasta puede afirmarse con buena voluntad, pero no es una respuesta militar lo que precisamos ahora, ni una exaltación de unos valores, presuntamente militares, que no viene al caso desgranar en este momento. En otras latitudes, un presidente ha afirmado que es el “comandante en jefe de las tropas que van a ganar la guerra contra el virus”.  Todo ello contrasta con la actitud de una parte de la población que habla de solidaridad, de aplausos a las personas que más arriesgan, y de contención de los abrazos, con lo que eso cuesta, especialmente cuando las lágrimas por la muerte en soledad de un ser querido no se pueden contener. Y sin contar los esfuerzos a la sombra de miles de personas voluntarias en el vecindario y en otros contextos, también desde la investigación. En las guerras, la primera víctima es la verdad y, utilizando la fuerza y la mentira, se mata, se destruyen ciudades y vidas humanas intencionadamente. Un alto el fuego en las guerras que aún existen ha de ser el único punto de luz de esta situación epidémica,  no bélica. Aunque parece que hay guerra de cifras, guerras de imagen, guerras de patentes, guerras para desacreditar… En un momento tan delicado es miserable el cainismo del lenguaje bélico de salón, y la desafección para aunar esfuerzos. Sabemos, además, que el sufrimiento de las capas más desprotegidas de la población, a nivel local, y a nivel mundial, va a multiplicarse, se está multiplicando dolorosamente. Ahora que muchas personas, desde el confinamiento, desde la reflexión personal, están manifestando que todo no va ser igual que antes, sobre todo para saber apreciar lo que verdaderamente es importante en la vida… por favor, seamos capaces de inventar mascarillas éticas, las de la conciencia, para que ese virus tan dañino de las guerras de salón, no haga más daño.

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