PAÑOLETAS AL VIENTO, LAZOS FAMILIARES

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Todavía está reciente en mi memoria el homenaje propiciado a Unai en los aplausos de las ocho en el barrio. Ha habido pañoletas en ventanas, ha habido pañoletas al viento en balcones, y numerosos comentarios y expresiones de afecto en las redes sociales, no sólo en el barrio de Otxarkoaga. Diferentes circunstancias se concretan en que muchos equipos educativos eskaut tienen una media de edad poco elevada. No viene aquí al caso analizar la situación, pero mi reflexión, a partir de este acontecimiento, y de otros, tiene que ver con la consideración de que un grupo eskaut no sólo es el equipo educativo, la chavalería y las familias del momento. La participación de Asabak, o la continuidad del compromiso eskaut en otras asociaciones o responsabilidades en la vida, es la punta del iceberg de un cuerpo que está sumergido, aunque a veces se le sumerge más. La historia de un barrio, de un pueblo, de un grupo, no es la recopilación temporal de acontecimientos, la estadística de participantes, es un conglomerado de vivencias, valores, fuegos de campamento, habilidades técnicas, veladas, expresiones, sufrimientos, fiestas, penas, comunidad cristiana, vidas compartidas, amoríos, desencuentros, rutas, campamentos, sueños, frustraciones, oración, testimonios, viajes, servicios al barrio o pueblo, personas, y relaciones con otras asociaciones… Añadamos otros innumerables puntos suspensivos, pues sólo hemos enunciado una parte muy pequeña de lo que esto significa. La tristeza del coronavirus me lo ha recordado con una claridad meridiana, leyendo sentimientos expresados, viendo reacciones, poniendo el oído de escuchar. Por eso conviene recordar que es muy necesario seguir teniendo abiertos los poros y los vasos comunicantes con una actitud responsable y madura de continuar queriendo a quienes más nos quieren.

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