La interioridad, la clave olvidada de la salud mental

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Cuando se habla de salud mental se suele pensar normalmente en que una persona emocionalmente está estable de manera constante. Esto no es cierto del todo, ya que esta faceta es utópica e irreal. Lo idóneo es poder manejarse, sin sufrir en demasía, en distintas situaciones emocionales.

La alimentación, ejercicio físico, etc. son aspectos que ayudan mucho a poder tener una buena salud mental. Éstas están muy claras en la mente de las personas, pero cultivar la interioridad no está tan de moda actualmente.

Tener momentos de silencio, de oración, de encuentro con uno mismo y con Jesús de manera regular ayudan a tener una mejor salud mental. La experiencia de estar con uno mismo ofrece la oportunidad de conocer a tus propios demonios. Estos hay que entenderlos como miedos, prejuicios, situación vital, entre otras. Cuanto mayor sea el conocimiento de estas facetas, que todas las personas tenemos mayor capacidad tendremos de solucionar de manera creativa las distintas vicisitudes que nos encontraremos. 

La interioridad por sí misma dará un conocimiento extraordinario sobre quién es cada persona y el ser que le habita. La práctica regular y atender también a qué sensaciones se experimentan, cuándo cuesta más, cuándo menos… es lo que será realmente útil de cara a un mayor autoconocimiento.

En definitiva, si se quiere cultivar la salud mental, la faceta de interioridad tiene que estar presente.

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