Naturaleza, educación y familias

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Siguiendo con la idea planteada en el reportaje, me atrevo a decir que es posible que nuestros hijos e hijas como especie, de un modo generalizado y por primera vez en la historia:

  • Vivan rodeados de asfalto o lejos de un medio natural sano.
  • Dejen de poder moverse libremente (más aún si profundizan las salvajes restricciones de migración actuales)
  • Compartan espacios de contaminación donde vivan, trabajan y mueran.
  • Su horizonte sea más vertical que horizontal (ya hay casos de problemas de vista en niños por esta realidad).
  • Sigan comprando la comida en hipermercados cercanos, pero consuman alimentos que provengan de miles de kilómetros de distancia.
  • Se desplacen en vehículos, algunos de uso individual, dejando prácticamente de andar.
  • Vivan en pequeñas colmenas, aunque no se relacionen con la abeja de al lado.
  • Desconozcan cómo cuidar un huerto.
  • Sufran enfermedades y desequilibrios mentales originados por la infelicidad y el stress.

Todo esto supone la pérdida de unos conocimientos adquiridos a lo largo de los siglos y que simple y dramáticamente se perderán como están desapareciendo las comunidades indígenas por intereses económicos para proveer a la metrópoli de materias primas.

Ante esto es imprescindible retomar las virtudes de la naturaleza como marco educativo; ¡menos “Boloñas”, LOMCEs y Heziberris que retroalimentan un modelo insostenible y más tiempo para los niños en los bosques y ríos!

Afortunadamente, existen propuestas y experiencias también en la educación formal que parten de estos principios y demuestran su efectividad. Actualmente tengo la suerte de trabajar como profesor en el SESZ de Urdaibai, y diariamente tenemos la posibilidad de constatar los aprendizajes del alumnado en diferentes proyectos relacionados con el medio ambiente y social.

Todos estos aprendizajes surgen de experiencias reales y constantes de inmersión en la naturaleza. No hablamos sólo de disfrutar en la naturaleza, sino de aprender en ella.

Mi sensación es que en una semana de inmersión en este tipo de actividades aprenden lo que no hacen en cursos encerrados entre las cuatro paredes del aula.

Es importante que la sociedad en su conjunto y especialmente las instituciones educativas y las familias, conozcamos, defendamos y apostemos por este tipo de educación.

Pero además, si entendemos que la educación no está basada en la mera acumulación de datos, si no en las experiencias significativas… ¿cuáles son algunas de esas experiencias que podemos desarrollar en la naturaleza y qué podemos hacer desde las familias?

Experiencias de limitación y de trascendencia: el marco natural es un espacio privilegiado donde vivenciar plenamente la experiencia de limitación y finitud frente a la grandiosidad de nuestro entorno, sea navegando en medio del océano, en la cumbre de una montaña, viendo una tormenta, observando el trabajo laborioso de las hormigas ,una avalancha de nieve o durmiendo al raso bajo las estrellas… esta sensación de vulnerabilidad, de finitud, puede derivar en un recogimiento que incluso a los que somos ateos nos permitirá desde pequeños plantearnos cuestiones filosóficas universales relacionadas con el sentido de la existencia. Además, inevitablemente, nos llevará a tomar parte por la defensa y mantenimiento de este entorno natural.

Propuestas: experimentar con nuestros hijos/as lo que es una noche estrellada, que se mojen, que sientan el frio o el calor, que suban montañas adecuadas a su edad y que paseen por bosques…que admiren la fuerza y belleza de la naturaleza… que conozcan el ciclo de la vida ejemplificada en la materia que se descompone y de la cual todo se aprovecha por ejemplo en un bosque… conocer y comprender las funciones e interrelaciones entre los diferentes elementos y hacerles ver que de igual manera los seres humanos formamos parte de esa red, que no podemos destruirla porque nos destruiríamos como especie.

Experiencia de la solidaridad: quien realmente ha dependido de un compañero@ de cordada interiorizará el valor del lazo creado por le necesidad del otro. Desafortunadamente la sociedad, el deporte de élite, los programas de televisión o la publicidad fomentan una competitividad que no encaja con una propuesta educativa de la naturaleza.

Propuestas: procurar en ocasiones compartir la experiencia con otras familias afines, colaborar en grupo, repartir tareas, dejar la iniciativa a la resolución de sus problemas en sus manos…

Experiencia del sacrificio: cuando se consigue una meta que nos parecía inalcanzable, el grado de satisfacción es inmenso. Los éxitos y fracasos obtenidos por nosotros mismos son impagables.

Propuestas: adaptemos estos principios a la edad de los niños y niñas. Simplemente se trata de favorecer el sacrificio dentro de los límites adecuados. Recordemos que vivimos en la sociedad de la inmediatez, del “aquí y ahora”

Experiencia de la creatividad: En una sociedad en la que otros crean por nosotros y nosotras y pagamos para disfrutarlo el ser capaces de crear posee un valor enorme. Cada vez somos elementos más pasivos en una sociedad dominada por un sistema que precisamente necesita eso de cada persona.

Recordemos que ya nuestros ancestros entraban a lo más profundo de las cuevas para dejar su huella en forma de pinturas. La creatividad tiene mucho que ver con el desarrollo de la individualidad entendida en positivo como el desarrollo personal y la identidad propia. La manufactura está dejando de tener vigencia en nuestra sociedad. No arreglamos. No creamos. Tiramos y compramos.

Propuestas: que manufacturen. Que usen navajas, hachas, pinceles… que saquen punta a los palos y hagan construcciones sin que lo hagamos nosotros por ellos. Que aprendan nudos, hagan cabañas…

Las experiencias se producen, queramos o no. Por lo tanto, intentemos aprovechar ese potencial.

Por aquello de que no se transmite tanto lo que se dice como lo que se hace y se es, vivenciemos nosotros/as también, experimentemos, reflexionemos y formémonos.

El marco natural es un espacio con riesgos inherentes. Por lo tanto, aprendamos a minimizar esos riesgos y conozcamos las técnicas básicas (orientación, vivaqueo…)

Ninguna alternativa de ocio resulta tan reveladora y auténtica para nuestros hijos e hijas como las que les podemos ofrecer en la Naturaleza. Simplemente porque somos parte de ella.

Igual que ningún vino ni bocata sabe como en el monte, ninguna amistad, ningún reto que superemos o ninguna experiencia con nuestros hijos e hijas será igual en otro marco…

Así que como aitas y amas posibilitemos esos momentos; y de vez en cuando, cuando nos entre el miedo a que se caigan de un árbol o se corten con la navaja…simplemente miremos hacia otro lado.

 

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