Desconecta, para CONECTAR

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Recuerda la última vez que estuviste a solas. A solas de verdad, sin móvil, wifi, ordenador, tablet o cualquier otro aparatito que nos conecte directamente con miles de personas. Cuesta ¿verdad? A menudo escuchamos o decimos frases como; “yo no soy muy creativa” o “Buff… ando fatal de tiempo…” o incluso, “yo no soy muy espiritual”. Ese tipo de frases que cada vez tomamos como algo más normal, en realidad son señales de que algo va muy mal. Ese “ding” que nos hace saltar sobre el teléfono cada vez que lo escuchamos, esa sensación de desnudez cuando te dejas el móvil en casa, esa obsesión que estamos desarrollando por estar constantemente disponibles para cualquiera que nos necesite, nos está alejando cada vez más de nosotros/as mismo/as.

Y después triunfan las tan “innovadoras” filosofías como el mindfulness, la meditación o el slow-food. Resulta chocante que algo que se llama “nueva filosofía de vida” sea lo que nuestras abuelas y abuelos hacían cada día. Y nuestras bisabuelas y bisabuelos.

Resulta curioso ver cómo buscamos en internet maneras de desconectar, de relajarnos. Apaga el móvil, el router, el ordenador y la tablet. Incluso cierra la agenda llena de tareas que acabarás por no hacer. Lee un artículo de un autor que te guste, escucha una canción que te haga llorar, o saltar, mira una foto de tus padres cuando tenían tu edad… Estamos jugando a algo muy peligroso. Olvidarse de uno mismo puede ser muy fácil en el sprint en el que estamos convirtiendo la vida, actuar sin pensar, hablar sin reflexionar, hacer las cosas  de manera mecánica es algo que nos condena a estar vacíos e insatisfechos. No me cansaré de repetir que introducimos un ritmo frenético en nuestras vidas desde la infancia, donde ya no hay tiempo para aburrirse, ni espacio para la imaginación, ni la fantasía.

Somos monitores y monitoras, educamos en una metodología concreta. Debemos ser un movimiento contracorriente que conserve valores e ideas que otras personas quizá no hayan sido capaces de adquirir o conservar. Debemos contagiar nuestra manera de hacer, contagiar el estilo eskaut. Empezando por los chavales y chavalas que cada fin de semana vienen a los locales a estar unas horas en un ambiente diferente. Que crecen interiorizando una manera de vivir que permanecerá con ellos. Sin olvidar a las familias que nos confían lo más preciado que tienen, nos dan la oportunidad de influenciar y formar parte de la educación de quienes  más quieren. También debemos contagiar a nuestro barrio participando en lugar de quedándonos en la comodidad de nuestros locales. Presentándonos siempre con una sonrisa e ideas que reten a instituciones caducas. Es importante que valoremos la responsabilidad que tenemos y ser consecuentes. Nosotros/as no podemos ser el pez que se deja llevar por la corriente, no somos el pez muerto. Para evitar vivir siendo una calabaza vacía es necesario dedicarse tiempo. Pensar, reflexionar, escucharse a uno/a mismo/a. Algunos/as llaman Jesús a esa persona con la que hablan y que les ayuda a entender lo que viven y cómo lo viven. Otras lo llaman reflexionar, hablar consigo mismas. Cada eskaut es diferente, y hay tantas maneras de referirse a este momento como personas en el mundo. Pero lo importante es, que no dejemos que el miedo o los prejuicios al nombre nos impidan ser personas completas, realizadas. Mediante la oración y la reflexión alimentamos nuestra capacidad crítica, nuestra capacidad para enfrentar y resolver conflictos, alimentamos nuestra esperanza,… Utiliza cualquier recurso que te lleve a pensar, a sentir, a estar contigo mismo/a. Ahí es donde empieza el camino a la oración, la reflexión o el término con el que sientas más cómoda/o.

Para nosotros/as la vida no va de hacer más y más y más. No va de tener más y más. En el escultismo nos importa el “ser”. Importa la intensidad con la que cada cual vive la vida. La amistad, el amor, la familia, la pareja, el trabajo, los estudios, la lectura, la cocina… Todo eso podemos vivirlo sin poner ni un poquito de corazón. Pero serán relaciones vacías. Cuando sabes quién eres, cuando piensas en qué es lo que quieres, cuando te preguntas por qué haces lo que haces, cuando reflexionas; entonces estarás poniendo tu corazón en ello.

La oración, la crítica, el debate, la conversación… son ingredientes indispensables en el escultismo, en nuestra manera de vivir la vida. Debemos guardar esos momentos como grandes tesoros, porque son lo que nos diferencia de las calabazas vacías, de los peces muertos, de los zombis. Esas conversaciones internas nos ayudaran siempre a enfrentar la vida con la cabeza bien alta y una sonrisa sincera, sabiendo en todo momento que nosotros/as ponemos nuestro corazón en lo que hacemos. “Pero la verdadera manera de ser felices es haciendo felices a los demás. Tratad de dejar el mundo en mejores condiciones de cómo lo encontrasteis. De esta manera, cuando os llegue la hora de morir  podréis hacerlo felices, porque, por lo menos, no perdisteis el tiempo e hicisteis cuanto os fue posible para hacer el bien. Estad siempre listos, para vivir así una vida feliz y morir felices.”

 

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