Mueve el culo por el cambio

Castellano >>

Y vuelves. Te enfadaste con ellos, te desesperaron por el whatsapp, te echaron en cara alguna cagada y juras no volver. No vas a volver, no tienes tiempo en tu vida para tanta tontería, para tanta discusión. Pero vuelves. O quizá esto solo me pasa a mí, reina del drama. Caíste en la cuenta de que estás ahí por algo, por algo más grande que las discusiones para ver cuántas raciones de pan se repartirán o contabilizar a cuantas reuniones fue cada una. Estás ahí por algo más bonito que el papeleo sin entregar, las fechas olvidadas o incluso más bonito que una velada a la luz del lumigas. Sí, hay algo más bonito que eso. Quizá es porque soy una enamorada de la educación, una apasionada, admiradora, forofa, seguidora de esa etapa que es la infancia. Pero quienes volvemos, no lo duden, es por eso. Los sabios dicen que se debe escribir sobre lo que se sabe. Yo no sé mucho sobre nada. Pero se porque se vuelve a esto. Se vuelve por amor, romanticismo, fe, pasión, ilusión, lucha.

 

Porque cada noche derrotada ante el telediario, pasmada ante los periódicos, las desgracias – ajenas a mis peticiones – no dejan de atormentarme. El bombardeo constante de desastres, de penas y de dolor es agotador. Hay gente que parece ciega pero yo no puedo negar lo que veo. Y paso por delante de un colegio y veo la niña con zapatillas rotas, no porque sean sus favoritas, sino porque no hay más. Y me parte el alma ver a la madre salir corriendo a trabajar, probablemente a un sitio en el que no la valoran y le pagan poco más que una mierda.  Y voy al super y un hombre me pide dinero. Yo le miro y tiene hambre. Yo voy a la compra y él tiene hambre. Y no entiendo. Y le pregunto qué quiere que le saque del super. “Lo que quieras, lo que quieras” repite. Pan, embutido y una fruta. Nos conocemos. Cada sábado nos vemos, nos saludamos y repetimos conversación. Y me aterra pensar en que un sábado iré y no estará. Quizá cambie de super, quizá encuentre como prosperar, quizá sea un desaparecido más. Hay gente que no ve, pero yo veo. Veo gente mayor que está sola, y me parte el corazón. Veo la mirada perdida de alguien que no tiene hogar y no entiendo.

 

Veo y no entiendo. Y por eso vuelvo. Porque creo en las personas, creo que el amor es un sentimiento intenso, fuerte y que adopta muchas formas. Quiero a mis compañeras de rama, quiero a mis compañeros de equipo, quiero a mis chavales, quiero a todas esas personas que trabajan, luchan, hacen y deshacen para conseguir ayudar a otros que no tuvieron la suerte de nacer donde nacimos nosotras. O que en el camino se equivocaron y ahora no saben por dónde tirar.

 

Me ilusiona un pequeño gracias que para mí es un mundo. Me ilusiona trabajar. Me ilusiona ver a un niño que ha sufrido bullying todo el curso levantándose y diciendo basta, y admiro a la niña que ha estado haciendo bullying todo el curso y se levanta para pedir perdón. Me siento orgullosa de formar parte de un grupo de personas que luchan por un mundo mejor, una sociedad mejor. Y habrá quien se sienta segura protegiéndose tras el protocolo la burocracia, las tradiciones, las reuniones, la preparación. Pero hay algo que es magia, algo que nace del amor, de la pasión de una persona por un proyecto o una idea. Creo firmemente que cuando algo así ocurre hay que dejarlo crecer, hay que regar esa idea y cuidarla pero sobre todo, hay que apoyar a quien ha sentido la fuerza de esa iniciativa.

 

No hay que esconderse detrás de los “peros” o de las posibles trabas porque ¿sabéis que? Es lo único que tenemos asegurado.

 

La ilusión, el amor, las ganas de mejorar, de aportar, de luchar. Los sentimientos son los que alimentan el motor de la máquina que cambiará el mundo. Un tal Jiddu Khrisnamurti dijo “No vemos las cosas como son, sino como somos”. ¿Tiene sentido no? Seamos sinceros y veremos la verdad. Seamos personas trabajadoras y veremos resultados. Seamos equipos, y olvidaremos las pequeñas diferencias. Seamos más humanos y amaremos más. Seamos más eskaut y veremos más caminos que nos esperan, más aventuras. Seamos ejemplo y veremos más niños y niñas que entienden la vida de una manera diferente. Seamos valientes y no veremos problemas, sino retos. Seamos más creyentes y veremos que es posible que palabras tan grandes como “cambio”, se hagan realidad.

 

¿Por qué eres eskaut? No sé, tú ¿por qué no lo eres? ¿No ves nada para mejorar en tu barrio? ¿Estás a favor de que  la calle ya no sea nuestra, sino del ayuntamiento? ¿Te gusta que haya niños y niñas cuyos padres y madres no pueden pagar el ocio capitalista, que se vende hoy en día, y por ello se queden en casa mirando una pantalla? ¿Te gusta que la gente joven no tenga ni voz ni voto en esta ciudad, que estén siempre en tierra de nadie? ¿Te gusta que la educación en igualdad de género se imparta por machistas trasnochadas? A mí no, no me gusta. Ni  a mí ni a otras muchas personas, encuentra tu lugar y muévete para cambiar lo que no te gusta. Algunas voces lo llaman militancia otras lo llaman ser ejemplo. No somos perfectos, no somos perfectas pero luchamos con las herramientas que tenemos, apoyándonos en otras plataformas que comparten nuestras ideas.

 

Mueve el culo por el cambio. Que aunque pudiese sonar a eslogan de campaña electoral, no lo es.

 

Partekatu!