Aita Mari sigue esperando que le permitan salvar vidas

60 mil vidas han escapado durante el último año de las garras de la guerra y la pobreza. Frente a la inacción de las autoridades de los países del mediterráneo, surge la respuesta civil, una respuesta necesaria para no dejar que personas mueran ahogadas en el mar que tan ricamente baña nuestras vacaciones. Un enorme y precioso cementerio que nutre nuestro instagram de amaneceres.

Hemos de dar gracias al barco Aita Mari de Salvamento Marítimo Humanitario (SMH) – ProemAid y a Open Arms por no quedarse impasibles y no querer dejar que se sume ni un ser humano más a los múltiples cadáveres que hoy yacen en las costas y el fondo marino del Mediterráneo.

Sin embargo, las autoridades estatales han decidido retener a la flota de rescate humanitario; el Open Arms desde el 8 de enero y desde el 20 de enero del Aita Mari, se contabilizan 224 personas ahogadas en lo que va de 2019, por ello el pasado domingo Ongi Etorri Errefuxiatuak soltó ese mismo número de chalecos en la ría de Bilbao. Chalecos que podrían haber salvado vidas.

Aita Mari o Jose María Zubia Cigarán, fue un marino convertido en héroe popular por los salvamentos marítimos que realizó.  Siguiendo el ejemplo de este marino, SMH y ProemAid bautizaron así a la embarcación que lleva trabajando frente a las costas libias desde septiembre de 2017 y que actualmente se encuentra retenido desde enero.

Desde las políticas de regulación de flujo migratorio – ¡Menudo eufemismo!  – de la Unión Europea con el acuerdo Turco-Europeo de 2016, se otorga a las autoridades turcas la potestad de salvaguardar las fronteras europeas, un país no europeo, sin normativa europea para barrer debajo de la alfombra las vergüenzas de un continente que sembró miseria durante los siglos pasados. Una cosecha que hoy no queremos recoger desde el continente que reparte lecciones de como hacer democracia mientras fabrica armas y munición para que el fuego no cese. La necropolítica como forma de de gobernar, si mueren en el mar o agonizan en los campos de concentración; ups, de refugiados, perdón; se acabó el problema. De la misma manera que un niño juega al escondite detrás de sus manos tapándose los ojos, así somos… y que la música siga sonando.

Se ahogan. Se siguen ahogando porque no tienen quien les auxilie cuando se encuentran a la deriva en medio del inmenso mar. Se ahogan cuando les condenamos a la prostitución, a la esclavitud, al tráfico de personas, a la guerra, al hambre… Se ahogan cuando las lineas de los mapas priman más que los derechos humanos. 

Desde luego, démonos un tiempo para pensar qué nos mueve por dentro encontrarnos ante uno de los mayores genocidios del siglo XXI; nuestras nietas y nietos lo estudiaran en los libros de texto.

Hagamos algo, por favor.