Motivación = Deseos + metas + facilitadores de la tarea

La experiencia educativa nos enseña que la motivación constituye un paso previo al aprendizaje y que es el motor del mismo. Esta se puede definir como el proceso que inicia, guía y mantiene las conductas orientadas a lograr un objetivo o a satisfacer una necesidad. Además, la motivación es el conjunto de tres factores: los deseos que tenemos, las metas o valores que nos atraen y una serie de circunstancias facilitadoras, como pueden ser la seguridad en una misma, la dificultad de la tarea, el ambiente en el que estamos, etc.  

 

Motivación = Deseos + metas + facilitadores de la tarea

 

Esos tres factores, cuando se juntan constituyen las ganas de hacer algo. Es por esto que cuando queramos introducir un cambio en la motivación de nuestros hijos e hijas tendremos que cambiar los deseos, cambiar las metas o intensificar los elementos facilitadores. Es el conjunto de esos tres factores lo que nos va a permitir motivarnos o motivar.  

Si una persona está motivada estará dispuesta a aprender, a poner todo su empeño en lograr su objetivo y a involucrarse de una forma activa en la tarea. Por ello, para que nuestros hijos e hijas puedan aprender  es básico que estén motivadas. Nuestro papel como padres y madres es muy importante ya que nuestro ejemplo y nuestra motivación por las cosas que hacemos van a ser un factor clave en su motivación.

Cuando intentamos motivarles, a veces pretendemos que le gusten cosas que no les gustan, cosas que en realidad nos gustan a nosotros/as o que nos parecen importantes para su vida. Es fundamental que tengamos claro que no se pueden crear deseos nuevos. Para motivar a un niño/a tenemos que partir de deseos que ya tiene. Cuando queremos que se interese por algo distinto tendremos que enlazar eso que queremos con lo que interesa al niño/a. Esto se puede hacer mediante recursos motivadores como premios, el modelo de las personas adultas de referencia, el entrenamiento, etc.

Todos los niños/as, al igual que las personas adultas, se mueven por tres deseos: el de pasarlo bien, el de ser reconocidas socialmente y el de sentir que progresan.

Para poder satisfacer el primero de los deseos la tarea tiene que ser algo que le guste o facilitar que se haga de una forma atrayente para el niño/a. Cuando algo nos gusta pese a que suponga un esfuerzo no dudamos en hacerlo. Ya lo dice el dicho: “sarna con gusto no pica”.

 

El segundo de los deseos es el de ser reconocido socialmente, el de ser apreciado/a. Somos seres sociales y necesitamos la compañía, el reconocimiento, la conversación, querer, que nos quieran…

 

Por último, el tercer deseo es sentir que progresa. Este es uno de los recursos pedagógicos más importantes que tenemos. Cuando hacemos que un niño/a sienta esa experiencia va a querer repetirla de nuevo. Tenemos que ayudarle organizar las cosas para que sienta que avanza, que es capaz de hacerlo. Cuando un niño/a nos dice “mira lo que hago”, nos está diciendo estoy progresando y quiero que me lo reconozcas.

 

Cuando queremos que el niño/a hago algo o cambie una conducta es importante que lo enlacemos con alguna de estas motivaciones o con las tres.

En definitiva, motivar a nuestros hijos es hijas es posible y para ello es importante que estemos también motivados/as para hacerlo y para superarnos como padres y madres.