Agua potable

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Lo primero que escasea en unas grandes inundaciones es el agua potable. Lo primero que escasea en una sociedad sobreinformada son las noticias potables. De la misma forma que el agua potable hay que buscarla, en ocasiones, en los pozos más profundos, con las noticias contrastadas, verídicas e imparciales pasa algo parecido. El ciudadano cada vez necesita una actitud más activa a la hora de informarse, más aún cuando lo hace a través de las redes sociales y fuera de los medios de comunicación donde trabajan periodistas.

Las redes sociales son un instrumento magnífico que democratiza y difunde mensajes que hasta ahora se quedaban en el retén de los medios de comunicación. Sin embargo, mal empleadas son una fuente de desconocimiento. Su uso, como el del resto de herramientas, se enseña y se aprende. Sobre todo, entre los jóvenes, que son quienes más las emplean para estar al día en detrimento de los soportes tradicionales como los periódicos en papel, la radio o la televisión.

Por ello, cuando cualquier ciudadano se planta ante su pantalla del teléfono u ordenador se tiene que hacer una serie de preguntas que hasta ahora sólo se las hacía un periodista. Cuestiones como por qué le llega esa información, qué busca el emisor con la transmisión de esa información o a quién beneficia esa noticia. Preguntas, en definitiva, para las que el ciudadano no tiene tiempo de contestar, bien por falta de tiempo, bien por la inmediatez en la que suceden los hechos.

Esto unido a que la información cada vez deriva más en entretenimiento. Prueba de ello es la decisión inédita del mayor grupo de televisión privado español de cancelar los servicios informativos de su segundo canal para ‘abrir una ventana a la actualidad’ con un magazine vespertino de cuatro horas donde cabe de todo: desde las últimas cifras de paro, hasta el regreso de Sara Carbonero. O los vídeos más virales y espectaculares de Youtube que los medios digitales camuflan en sus noticias.

La ciudadanía de buena fe consume este tipo de información sesgada en redes sociales y cree que está informada, cuando en realidad está distraída y entretenida. A veces incluso con mala intención para desviar el foco y el interés mediático hacia otro lado.

El periodismo ofrece un equilibrio de poderes en una democracia, además de ser la vacuna contra las ‘fake news’. Por lo que la receta es muy clara para luchar contra las noticias intencionadas: apostar por un periodismo independiente de esos poderes. Y ese envite pasa por los profesionales de la información, pero también por la ciudadanía que debe financiar ese tipo de información contrastada, verídica e imparcial.

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