Se quedó sin batería en el móvil

Hace poco mandaron por el grupo de Trebeak la lista de cosas que meter en la mochila. El viejo PDF que nos guía en la alegre tarea de dar vueltas por casa abriendo cajones y viendo el volumen de la mochila crecer y crecer, cada vez más lozana y pidiéndote trepar a tu espalda.

Saco, esterilla, katilu, toalla… Todo es simple, lo vamos metiendo automáticamente en nuestras mochilas para después amarrar todo y a disfrutar. No nos toma segundos siquiera de reflexión pensar en qué papel jugarán más adelante.

Durante la ruta o el campa, la mochila se nos hace inseparable, e incluso he llegado a sentir la espalda indefensa sin ella, sin nuestro saco atado a los hombros y cadera perdemos algo más que un peso en la espalda.

Hace unos meses, se perdió algo, o mejor dicho alguien, que tenía un valor muy distinto.

El año 2018 comenzó con una búsqueda multitudinaria por un veinteañero perdido en el monte. Un familiar se desapareció en el monte, al separarse de su grupo bajo pretexto de estar indispuesto. El camino de descenso que comenzó aquel día no lo acabó jamás.

Más de 600 personas se juntaron un martes de todas partes de Araba, Gipuzkoa y Bizkaia en el Gorbeia para buscar a una única persona.

Los valles y picos del Gorbeia durante unos días escucharon más alto los gritos del nombre extraviado que los golpes del viento, ya que partidas de búsqueda peinamos el bosque con minuciosa atención durante la semana de la fatalidad. Jamás el Gorbea vio semejante tesón.

Se sabe poco acerca de cómo se extravió Jon. Separado de su grupo de compañeros, se salió del camino de bajada hacia los coches y mandó un par de vídeos por whatsapp a una amiga, se quedó sin batería en el móvil. Iba vestido con una sudadera y unos vaqueros cortos.

Las batidas de búsqueda fueron incansables, en vez de aminorar el ánimo, el trabajo aumentó en ahínco. El esfuerzo de los ayuntamientos colindantes fue de lo más noble y nadie olvidará jamás la respuesta social a la desaparición. Sin embargo, ni el centenar de personas pudo igualar el desamparo de enfrentarse a la naturaleza cruda en soledad y sin recursos.

Tal vez Jon también preparó la mochila,  y puede ser que sus capacidades fuesen óptimas para enfrentarse al bosque. Y es cierto, según dicen, que conocía las rutas del Gorbeia, y que iba bien descansado y fuerte. Sin embargo, en estos meses de mochila, no podemos olvidar que el trabajo  de preparación previo a las salidas, así como nuestra actitud frente a la naturaleza, soledad y el grupo define más que el 50% de que llevemos a buen puerto nuestras aventuras.

En el funeral de Jon, días más tarde, escuché una frase con sabor a eskaut “Bide zuzenak eta asfaltatuak ez zituen gustuko”. Y recordemos que el espíritu Eskaut rehuye también de los caminos asfaltados, y lo hace a sabiendas de que dispone de un as bajo la manga:una disciplina, preparación y espíritu únicas.